Formación de idiomas en empresas: ¿café para todos?

cafe-para-todosLa clave para una formación eficaz de idiomas es tener objetivos claros, así como una estrategia global bien definida. Si los empleados no aprenden, la formación es cara, no importa cómo sea de “barata”.

Lo que nada cuesta nada vale

La primera pregunta que debe hacerse la persona responsable de la formación es por qué se están ofreciendo clases de idiomas a sus empleados. ¿Es una “prima”, un “caramelo” por buena conducta o una “tradición heredada” sin objetivos claros? ¿Los alumnos/empleados necesitan otros idiomas para llevar a cabo su trabajo?

Tal vez la empresa se está preparando para operar en el extranjero o ha sido adquirida por una compañía que utiliza otro idioma como lengua franca. Antes de empezar a pensar en la oferta de enseñanza de idiomas para sus empleados, es necesario saber para qué se va a implementar y crear una estrategia coherente.

Si se permite a los empleados continuar con su formación a pesar de la escasa asistencia y/o progreso limitado, el mensaje es que la formación realmente no es tan importante. Si por otro lado, la empresa controla la asistencia y el progreso cuidadosamente y hay consecuencias para aquellos que no llegan a los requisitos mínimos, los empleados generalmente toman más en serio la formación y aprenden más rápidamente.

El programa de formación de idiomas debe ser igual que cualquier otro proyecto en la empresa; debe tener objetivos claros, un presupuesto, un timing y, lo más importante, debe evaluarse continuamente.

Cada vez más vemos buenas prácticas en este sentido: muchas empresas analizan qué deben priorizar y qué tipo de formaciones les va a conllevar más beneficios. Si se quiere que los alumnos se comprometan firmemente con la formación de idiomas hay que sentarse con ellos y averiguar cuánto tiempo están dispuestos a invertir en dicha formación (no sólo ir a clase sino qué podrían hacer entre clases) y si estarían dispuestos a pagar una cantidad simbólica.

Si sólo se apuntan porque es “gratis” se confirmará aquel dicho de “lo que nada cuesta, nada vale”. Y valorar la formación es el primer paso para que sea un éxito, así como dejar que sea café para todos.

El inglés a peso sale caro

Cuando era pequeña mi padre tenía un taller de ebanistería y muchos de sus clientes le encargaban estanterías para sus salones o dormitorios. Algunos de estos clientes, una minoría, compraban libros a peso para colocarlos en esas estanterías con un fin decorativo. Lo más importante de esos libros era su estética y su valor intelectual: que estuvieran bien encuadernados y que fueran obras de renombrados autores.

En definitiva: esos libros a peso proporcionaban una buena imagen.

Esto viene a cuento porque la semana pasada conocí una empresa con esta filosofía. En la actualidad, hay organizaciones que compran formación de inglés a peso, a las que sólo les interesa a cuánto sale la hora, porque lo resultados son secundarios. Para ellas lo importante es ofrecer un beneficio social al empleado, darle un “caramelo”, ofreciéndole clases de idiomas que pueden sufragar con los fondos sociales europeos. Y eso, da una buena imagen.

Pero como todos hemos experimentado, estudiar algo que no necesitas o realizar una actividad sin un objetivo claro es el camino hacia el fracaso o el abandono.

Es una lástima seguir desperdiciando recursos como el tiempo (gestionando papeleo para obtener bonificaciones, pidiendo informes, recogiendo listas de asistencias) y el dinero de los fondos sociales que no traen nada valioso a cambio.

Si realmente se piensa que el inglés puede ser un beneficio, ¿por qué no concretar objetivos y medir resultados? Esto realmente beneficiaría a la empresa y complacería al empleado, ya que estarían mejor preparados para cuando surjan nuevas oportunidades de negocio en el extranjero.

En definitiva: comprar inglés a peso sale caro.