Formación de idiomas en empresas: ¿café para todos?

cafe-para-todosLa clave para una formación eficaz de idiomas es tener objetivos claros, así como una estrategia global bien definida. Si los empleados no aprenden, la formación es cara, no importa cómo sea de “barata”.

Lo que nada cuesta nada vale

La primera pregunta que debe hacerse la persona responsable de la formación es por qué se están ofreciendo clases de idiomas a sus empleados. ¿Es una “prima”, un “caramelo” por buena conducta o una “tradición heredada” sin objetivos claros? ¿Los alumnos/empleados necesitan otros idiomas para llevar a cabo su trabajo?

Tal vez la empresa se está preparando para operar en el extranjero o ha sido adquirida por una compañía que utiliza otro idioma como lengua franca. Antes de empezar a pensar en la oferta de enseñanza de idiomas para sus empleados, es necesario saber para qué se va a implementar y crear una estrategia coherente.

Si se permite a los empleados continuar con su formación a pesar de la escasa asistencia y/o progreso limitado, el mensaje es que la formación realmente no es tan importante. Si por otro lado, la empresa controla la asistencia y el progreso cuidadosamente y hay consecuencias para aquellos que no llegan a los requisitos mínimos, los empleados generalmente toman más en serio la formación y aprenden más rápidamente.

El programa de formación de idiomas debe ser igual que cualquier otro proyecto en la empresa; debe tener objetivos claros, un presupuesto, un timing y, lo más importante, debe evaluarse continuamente.

Cada vez más vemos buenas prácticas en este sentido: muchas empresas analizan qué deben priorizar y qué tipo de formaciones les va a conllevar más beneficios. Si se quiere que los alumnos se comprometan firmemente con la formación de idiomas hay que sentarse con ellos y averiguar cuánto tiempo están dispuestos a invertir en dicha formación (no sólo ir a clase sino qué podrían hacer entre clases) y si estarían dispuestos a pagar una cantidad simbólica.

Si sólo se apuntan porque es “gratis” se confirmará aquel dicho de “lo que nada cuesta, nada vale”. Y valorar la formación es el primer paso para que sea un éxito, así como dejar que sea café para todos.