El valor de cambiar nuestros hábitos

La semana pasada entré en unos grandes almacenes y en mi camino hacia la parafarmacia me paré en un stand con mochilas. De inmediato, una simpática dependienta vino para ofrecerme ayuda. «Sólo estoy mirando, gracias», le contesté. Y de repente entramos en conversación; me explicó que se le acababa el contrato en unos días y que veía muy difícil encontrar trabajo de nuevo. Le pregunté qué tipo de puesto buscaba y me contestó que a los 18 años (ahora tenía 20) se sacó un título en Estética y Belleza pero que no le había servido de nada y, desde entonces, había trabajado como dependienta esporádicamente. A continuación me preguntó a qué me dedicaba y yo le expliqué que era socia de una pequeña empresa especialista en formación de inglés para profesionales. «Si yo hablara inglés tendría trabajo seguro», declaró muy segura de si misma. «¿Y qué te impide hablar inglés?» le pregunté de nuevo. «Bueno es que siempre se me dio muy mal en el colegio. Yo no valgo para los idiomas. Es imposible que yo hable inglés».

Lo que me dijo esta chica es algo que oigo a menudo cuando alguien llama a nuestra oficina para pedir información sobre nuestros cursos o cuando visito a profesionales con perfiles muy distintos, y nos cuentan su experiencia con el aprendizaje de idiomas. En general, todos buscamos protegernos de los retos que tenemos delante porque ellos nos suponen salir de nuestras rutinas y caminar hacia lo desconocido.

Cambiar una creencia o un hábito no es fácil ni se consigue de inmediato. Es un proceso que precisa tiempo, durante el que debemos recibir recompensas y satisfacciones si queremos perseverar, y durante el que pasaremos por baches y dificultades. Sobre esto os aconsejo un artículo que publicó La Vanguardia, el pasado 12 de octubre, donde encontraréis ejemplos y opiniones de diferentes profesionales.

Estoy segura de que todos estaréis de acuerdo conmigo que repetirnos internamente “Si yo hablara inglés tendría trabajo seguro”, en vez de “Yo no valgo para los idiomas” ayudaría a esa chica a visualizarse desde esa posición para idear un plan que le permitiera alcanzar su objetivo. Es una persona muy joven, un ser en proceso de aprendizaje que se está cerrando puertas, que está creando una excusa para evitar un esfuerzo que le parece muy duro. ¡Es una lástima que se niegue a si misma la satisfacción de comunicarse en otro idioma!

«Valora lo que me has dicho y quizás consigas cambiar de opinión sobre aprender inglés. Mucha suerte», le dije antes de despedirme.

Saborear éxitos (grandes o pequeños) nos ayuda a cambiar hábitos y a arrostrar todos los esfuerzos que deberemos llevar a cabo. Deseo que encontréis valor para enfrentaros a nuevos retos, el mismo valor que encontrasteis anteriormente para enfrentaros a otros del pasado.

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